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“Harry” Hayes

JUAN ENRIQUE HAYES, más conocido como Harry, nació en el barrio rosarino de Arroyito el 20 de enero de 1891, era el hijo de una pareja de inmigrantes ingleses que habían arribado a la Argentina en un barco que transportaba carbón.

Ya de pibe su pasión fue el balompié y siempre iba a ver los partidos del entonces “Central Argentine Railway Athletic Club” que más tarde se conocería como Rosario Central, desde entonces su sueño fue el de convertirse en futbolista. Fue un delantero goleador por excelencia. Tenía un disparo de media distancia muy violento y gran fortaleza física, además de una gran maestría para definir frente al arco.

En 1907 hizo su debut en primera, a la joven edad de 16 años, con la casaca auriazul, el club en que jugó hasta el momento de su retiro en 1926. Pero previamente protagonizó la primera transferencia del fútbol rosarino. Harry había jugado sólo un partido vistiendo la camiseta del entonces Argentino de Rosario (actualmente llamado Gimnasia y Esgrima de Rosario) en un partido que jugó contra Newell’s con el solo motivo de beneficiar a su querido Central. Después de esto, el 19 de junio de 1905, cuando tan sólo contaba con 14 años, Harry se presentó ante la Liga Rosarina y pagó de su bolsillo la suma de cinco pesos en concepto de gastos de sellado para pagar su pase de Argentino a Rosario Central, pese a que en esos tiempos de balompié amateur los jugadores no recibían sueldo alguno por sus intervenciones en los encuentros domingueros.

Equipo de primera de Rosario Central (1915)

Primer equipo de Rosario Central (1915)

Durante el tiempo que jugó para Rosario Central, Harry y el club lograron siete torneos locales (Campeonatos de la Rosarina: 1908, 1914, 1915, 1916, 1917, 1919 y 1923) y cinco copas nacionales (Concurso por Eliminación: 1913; Copa Dr. Carlos Ibarguren: 1915; Copa de Honor: 1916; Copa de Competencia Jockey Club: 1916; y Copa de Competencia: 1920). Harry fue el máximo goleador centralista en los todos los títulos locales que Rosario Central obtuvo. En 1914, anotó la suma de 51 goles en 20 partidos. Además, es el máximo goleador del club de Arroyito de la historia del Clásico Rosarino ante Newell’s Old Boys, con 21 tantos.

En 1910 Hayes hizo además su debut con la Selección Argentina, en un campeonato sudamericano. El partido del debut fue ante Chile y en él anotó su primer gol con la albiceleste (3 a 1 fue el resultado final a favor de la Argentina). Más tarde, se ganó los elogios de la prensa porteña cuando jugó con la selección ante el Swindon Town de Inglaterra. Formó parte del plantel argentino subcampeón de la Copa América de 1916 y en otros partidos oficiales y amistosos. En total, jugó 20 encuentros con la celeste y blanca y anotó 6 goles.

Rosario Central 1919

Primer equipo de Rosario Central (1919)

El hermano de Harry, Ennis (Enrique de nacimiento) también jugó para Rosario Central y para el Seleccionado Argentino y su hijo Enrique Ricardo (también conocido como Harry) jugó para el Canaya en las decadas del 30 y del 40. Al tiempo que Central empezó a participar de los torneos de Primera División de la AFA era el centrodelantero titular del conjunto de Arroyito. Harry Jr. es el segundo goleador de Central con mejor promedio de gol en la historia del profesionalismo, contando sus goles desde 1939 en adelante con un promedio de 0,82 goles por partido (37 goles en 45 partidos jugados), sólo por detrás del gran Matador Mario Alberto Kempes con 0,83 (89 goles en 107 encuentros).

Entre las anécdotas que se cuentan de Harry es para recordar la que apareció en la revista Cincuentenario (de 1939 tras las Bodas de Oro de Rosario Central) sobre su primer partido, siendo un pibe, con la camiseta de Central, Harry lo relata así:

“Nunca había jugado en partidos oficiales, cuando un día faltando un jugador en una tercera me llamaron: ¡Harry desvístete! ¡Aquí hay uniforme, pero faltan botines de fútbol! ¡Arréglate nomás con los tuyos! (Siempre recuerda que llevaba unos zapatos amarillos). Y me pusieron de centro forward. Yo no se como estuve; lo cierto es que hice tres goles, que me aplaudieron, que a los tres meses pasé a segunda y que al año siguiente no solo actué en primera, sino que hasta me daba el lujo de llevar mi novia a los partidos…”

 

Harry Hayes fue realmente un jugador extraordinario. El fue iniciador y mejor maestro de una escuela que ha perdurado en le fútbol rosarino a través del tiempo. Su característica, el pase corto, la gambeta estilizada, sin descuidar el efectivismo, rubricó el virtuosismo de nuestro fútbol, que ganó así fama y prestigio en el país y en el extranjero. De modalidad propia, se le veía tomar la pelota en el centro de la cancha, gacha la cabeza, y eludir, en breves zig-zags a toda una defensa. Sus goles, de gran factura, amagando a un costado para vencer al guardavalla por el lado opuesto, hicieron época. Harry Hayes fue más tarde, cuando se hubo retirado del fútbol activo, excelente consejero dentro de la institución que durante largos años lo contó en sus filas, y ocupó también el cargo de entrenador de la Liga Rosarina de Fútbol. Maestros, él junto con su familia, del deporte que forjaron nuestra historia… una historia de pasión y buen fútbol, y que sentaron un precedente para futuras generaciones.

Como último, y como para terminar de definirlo como jugador, y especialmente, como persona, cabe citar lo que dijo en una nota hecha a El Gráfico en 1961 (cuando ya contaba con 70 años):

“No me gusta el que veo en los últimos años. Se juega a no perder y con ello se desnaturaliza el fútbol (…). Conquistar amigos, como los tuve y los tengo, conocer personalidades, visitar países y recibir satisfacciones es lo que coseché en el fútbol. Y de ello estoy íntimamente agradecido sin pensar nunca que me habría convenido más, financieramente, vivir en este tiempo de profesionalismo“.

Harry nos dejó un 25 de julio de 1976, con 85 años y habiendo visto a su Central dos veces campeón a nivel nacional y participando cuatro veces en la Libertadores en representación de la ciudad y el país. Sus ideales… aún viven en muchos de nosotros.

REFERENCIAS:

DUEÑOS DE LA GAMBETA, jugadores con regate, finta, dribbling. El futbolista habilidoso cuenta con un sinfín de jugadas que le posibilitan demostrar su capacidad en el verde césped. Sabe tratar con amor a la pelota. Haciendo tacos y jueguitos o simplemente matándola con el pecho y poniéndola como con un guante para que un compañero defina.

De entre todas las jugadas de calidad de nuestro querido balompié hay algunas que tienen marca registrada, nombre y apellido.

Veamos algunas de ellas y sus origenes…

Giovanni Roccotelli

RABONA

Aunque este movimiento se popularizó principalmente en los últimos años, la primera vez que se vio una rabona sobre un terreno de juego europeo fue el 22 de enero de 1978, cuando esta jugada fue ejecutada por el jugador italiano Giovanni Roccotelli, cuando jugaba en el Ascoli Calcio en un partido contra el Modena. En aquellos años, esta jugada era denominada “tiro-cruzado”.

Ricardo Infante

Sin embargo su origen, aunque aún incierto, se remonta a las tierras sudamericanas. De acuerdo a algunas fuentes, la primera rabona fue efectuada por Pelé en 1957 en un campeonato paulista. Sin embargo, según un cuento del argentino Gustavo Flores publicado en el libro“Estudiantes, historia de 100 años”Ricardo Infante fue quien en 1948, en un partido de Estudiantes de La Plata ante Rosario Central, definió notablemente una jugada que terminó en gol. La revista El Gráfico le hizo una caricatura vestido de alumno: “El Infante que se hizo la rabona”, decía el título. Había con esto nacido el nombre para una de las jugadas más seductoras que puede ofrecer el fútbol.

Cesareo Onzari

GOL OLÍMPICO

La primera transmisión radial de un partido de fútbol en el mundo, fue realizada por LOR Radio Argentina, el 2 de octubre de 1924, por parte de Horacio Martínez Seeber y Atilio Casime; se trató del partido que Argentina venciera a Uruguay 2-1 y en el que Cesáreo Onzari convirtió el primer gol de córner de la historia, que fue denominado gol olímpico, precisamente por haber sido convertido contra Uruguay, que había ganado los Juegos Olímpicos de ese año.

Ramón Unzaga Asla

CHILENA

Debe su nombre al chileno Ramón Unzaga Asla.

En 1914, por primera vez en la historia del fútbol, en el estadio El Morro de Talcahuano, Unzaga, del club Estrella del Mar, marcó un gol luego de suspenderse en el aire y golpear de tijera el balón de espaldas al jugador y al arco contrario. Jugando por la selección chilena, Unzaga -de origen vasco- repitió la jugada en un torneo sudamericano jugado en el balneario de Viña del Mar, en 1920, ahora con brasileños, uruguayos y argentinos en las tribunas.

Unzaga fue un atleta completo que muchas veces compitió en torneos de salto con garrocha, donde quedaba en el aire de forma horizontal, con la espalda apuntando al suelo, movimiento similar al de “la chilena”.

David Arellano

El jugador de Colo Colo David Arellano exhibió la acrobacia en Valladolid, España, en 1927, y allí los periodistas hispanos bautizaron la jugada como “chilena”.

BICICLETA

Por el año 1911, llegó a la primera de Boca Juniors un puntero que en poco tiempo se convirtió en dueño indiscutido del puesto y fue carta de triunfo. Su nombre era Pedro B. Journal. Su juego respetaba todo lo que el manual del “wing-wing” ordena. Gambeta, velocidad, improvisación y picardía, para encarar hacia el arco rival.

Pedro B. Journal "Calomino"

Fue, si nos permite el término, el inventor de la “bicicleta”. La maniobra consistía en pasar los una y otra vez la pelota sin tocarla, hasta que el rival se desacomodaba y Pedro quedaba con el camino libre para continuar su marcha al lado de la línea de cal. Lo hacía con destreza y precisión y desde entonces llegó a ser la jugada que le pedían los simpatizantes en los encuentros.

Cuando ya se había afirmado en la titularidad, los simpatizantes boquenses, en su gran mayoría inmigrantes italianos, les costaba sumo esfuerzo pronunciar el nombre de aquel hábil jugador, que hacía delicias para el espectáculo. Entonces lo identificaban con un apodo o adaptaban el apellido a su tergiversado castellano. Journal fue apodado “Calumín”. Con rapidez el sobrenombre fue ya de manejo popular. Así al poco tiempo fue apellidado “Calomino”, con el cual se lo recuerda en estos tiempos.

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