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DUEÑOS DE LA GAMBETA, jugadores con regate, finta, dribbling. El futbolista habilidoso cuenta con un sinfín de jugadas que le posibilitan demostrar su capacidad en el verde césped. Sabe tratar con amor a la pelota. Haciendo tacos y jueguitos o simplemente matándola con el pecho y poniéndola como con un guante para que un compañero defina.

De entre todas las jugadas de calidad de nuestro querido balompié hay algunas que tienen marca registrada, nombre y apellido.

Veamos algunas de ellas y sus origenes…

Giovanni Roccotelli

RABONA

Aunque este movimiento se popularizó principalmente en los últimos años, la primera vez que se vio una rabona sobre un terreno de juego europeo fue el 22 de enero de 1978, cuando esta jugada fue ejecutada por el jugador italiano Giovanni Roccotelli, cuando jugaba en el Ascoli Calcio en un partido contra el Modena. En aquellos años, esta jugada era denominada “tiro-cruzado”.

Ricardo Infante

Sin embargo su origen, aunque aún incierto, se remonta a las tierras sudamericanas. De acuerdo a algunas fuentes, la primera rabona fue efectuada por Pelé en 1957 en un campeonato paulista. Sin embargo, según un cuento del argentino Gustavo Flores publicado en el libro“Estudiantes, historia de 100 años”Ricardo Infante fue quien en 1948, en un partido de Estudiantes de La Plata ante Rosario Central, definió notablemente una jugada que terminó en gol. La revista El Gráfico le hizo una caricatura vestido de alumno: “El Infante que se hizo la rabona”, decía el título. Había con esto nacido el nombre para una de las jugadas más seductoras que puede ofrecer el fútbol.

Cesareo Onzari

GOL OLÍMPICO

La primera transmisión radial de un partido de fútbol en el mundo, fue realizada por LOR Radio Argentina, el 2 de octubre de 1924, por parte de Horacio Martínez Seeber y Atilio Casime; se trató del partido que Argentina venciera a Uruguay 2-1 y en el que Cesáreo Onzari convirtió el primer gol de córner de la historia, que fue denominado gol olímpico, precisamente por haber sido convertido contra Uruguay, que había ganado los Juegos Olímpicos de ese año.

Ramón Unzaga Asla

CHILENA

Debe su nombre al chileno Ramón Unzaga Asla.

En 1914, por primera vez en la historia del fútbol, en el estadio El Morro de Talcahuano, Unzaga, del club Estrella del Mar, marcó un gol luego de suspenderse en el aire y golpear de tijera el balón de espaldas al jugador y al arco contrario. Jugando por la selección chilena, Unzaga -de origen vasco- repitió la jugada en un torneo sudamericano jugado en el balneario de Viña del Mar, en 1920, ahora con brasileños, uruguayos y argentinos en las tribunas.

Unzaga fue un atleta completo que muchas veces compitió en torneos de salto con garrocha, donde quedaba en el aire de forma horizontal, con la espalda apuntando al suelo, movimiento similar al de “la chilena”.

David Arellano

El jugador de Colo Colo David Arellano exhibió la acrobacia en Valladolid, España, en 1927, y allí los periodistas hispanos bautizaron la jugada como “chilena”.

BICICLETA

Por el año 1911, llegó a la primera de Boca Juniors un puntero que en poco tiempo se convirtió en dueño indiscutido del puesto y fue carta de triunfo. Su nombre era Pedro B. Journal. Su juego respetaba todo lo que el manual del “wing-wing” ordena. Gambeta, velocidad, improvisación y picardía, para encarar hacia el arco rival.

Pedro B. Journal "Calomino"

Fue, si nos permite el término, el inventor de la “bicicleta”. La maniobra consistía en pasar los una y otra vez la pelota sin tocarla, hasta que el rival se desacomodaba y Pedro quedaba con el camino libre para continuar su marcha al lado de la línea de cal. Lo hacía con destreza y precisión y desde entonces llegó a ser la jugada que le pedían los simpatizantes en los encuentros.

Cuando ya se había afirmado en la titularidad, los simpatizantes boquenses, en su gran mayoría inmigrantes italianos, les costaba sumo esfuerzo pronunciar el nombre de aquel hábil jugador, que hacía delicias para el espectáculo. Entonces lo identificaban con un apodo o adaptaban el apellido a su tergiversado castellano. Journal fue apodado “Calumín”. Con rapidez el sobrenombre fue ya de manejo popular. Así al poco tiempo fue apellidado “Calomino”, con el cual se lo recuerda en estos tiempos.

"El Trinche" Carlovich

MUCHOS RECORDARÁN, o habrán oido hablar, del 3 a 1 de Rosario a la Seleccion Argentina allá por el año 1974.

Y es bueno detenerse en la figura de aquel encuentro, como lo llamó El Gráfico “UN TAL CARLOVICH”

La historia de los Carlovich comienza en Yugoslavia.

Y desde allí en los inicios de la década del ’30, Mario Carlovich se vino y decidió instalarse en el barrio Belgrano de la ciudad de Rosario y trabajar allí como plomero, arreglando o destapando cañerías. Allí Mario formó su familia, se casó y tuvo siete hijos. El último, “Tomasito”, fue quién llevó ese apellido a la leyenda.

Aquel niño nacido un 20 de abril de 1949 y que jugaba en los descampados de su barrio fue descubierto enseguida y lo llevaron a las inferiores de Rosario Central pero su máximo potencial lo consiguió en el Central Córdoba de la misma ciudad, entre la década del ’70 y su retiro definitivo en 1986, con cuatro pasos distintos por la entidad.

Felipe Tomás Carlovich era un jugador de mediacancha, número 5 para ser más especifico.

Con Central Córdoba consiguió el ascenso de 1973 (uno de los equipos que mejor fútbol vio la ciudad) y el ascenso de 1982. Pero en 1972, el conjunto charrúa perdió veinte puntos y la imposibilidad de jugar como local en Rosario y en un radio de setenta kilómetros: Jugando en San Nicolás de los Arroyos y reventando las recaudaciones, Central Córdoba hizo una de las mejores campañas de su historia, surgiendo para el periodismo especializado, el “Trinche” Carlovich, el ídolo del Barrio Tablada.
Su carrera como se mencionó comenzó en Rosario Central hacia fines de los 60 (llegó a jugar un partido en 1969 con la casaca auriazul en Primera) y pasó por Sportivo de Bigand y Flandria fugazmente en esos años, pero no fue sino en Central Córdoba que adquiriría el cartel de ídolo.

En el Charrúa jugó entre 1971 a 1974 (Campeón en 1973), en 1978, entre 1980 y 1983 (Campeón en 1982, asciende a la divisional “B”) y 1986. Con un total de 236 partidos y 28 goles para los de barrio Tablada.

Jugó también en Mendoza (Independiente Rivadavia -con el cual le ganó al Inter de Italia por 3 a 1 en un amistoso que Carlovich recuerda como una de sus mejores actuaciones- y Deportivo Maipú) y en Colón de Santa Fe.

Para definirlo mejor que mejor que algunos de los comentarios que gente del fútbol que lo conoció ha hecho y sus propios dichos:

LO QUE DICEN DE ÉL

"El Trinche" Carlovich

César Luis Menotti: “Carlovich fue uno de esos pibes de barrio que, desde que nacen, tienen como único juguete la pelota. Entre él y la pelota había una relación muy fuerte. La técnica que tenía lo convertía en un jugador completamente diferente. Era impresionante verlo acariciar la pelota, tocar, gambetear… Claro que, al mismo tiempo, durante su carrera no encontró reservas físicas que sostuvieran todas las condiciones técnicas que tenía.

Además, desafortunadamente, tampoco tuvo a nadie que lo acompañara y lo comprendiera. Es una pena, porque Carlovich estaba llamado a ser uno de los jugadores más importantes del fútbol argentino. Me acuerdo que lo vi jugar en un combinado de Rosario contra la Selección Argentina y fue el mejor hombre de la cancha. Y eso que, entre otros, había monstruos como Miguel Brindisi. Verlo era un deleite. Después no sé qué le pasó. Tal vez lo aburría el fútbol profesional. A él le gustaba divertirse y no se sentía a gusto con algunos compromisos”.

Roberto Fontanarrosa: “El Trinche era un fenómeno. Hacía cosas que nadie esperaba. Era habilísimo y le pegaba a la pelota, además de fuerte, con una variedad de golpes fabulosa. Anticipó cosas que después se le vieron a Borghi. Carlovich era un atorrante; cuando jugaba en las inferiores de Central, Ignomiriello tenía que ir a buscarlo a la casa para que fuera a entrenar. Coincido con los que dicen que fue uno de los mejores jugadores argentinos”.

Aldo Pedro Poy: “No entiendo por qué no llegó a jugar en algún club importante. Tenía unas condiciones técnicas extraordinarias. Era medio lento, pero muy hábil. Y guapo. Todavía no vi otro cinco como él. Aquel partido de la Selección con el combinado de Rosario, en el que yo jugué para la Selección, Carlovich la rompió. No lo podíamos parar, ni a él ni a sus compañeros. Nos ganaron 3 a 1 porque pararon la máquina y al “Trinche” lo sacaron a los 15′ del segundo tiempo, si no…”

Ubaldo Matildo Fillol: “Descubrí a Carlovich en un amistoso de la Selección Argentina que se preparaba para el Mundial de Alemania -y que yo también integraba- contra un combinado rosarino. Ese día la descosió. Tenía un dominio de la pelota y un panorama increíbles. Fue el mejor cinco que vi en mi vida”.

Eduardo Quinto Pagés (arquero, ex compañero en Central Córdoba): “Yo en Central Córdoba tengo la valla menos vencida de su historia, 606 minutos. Tenía una defensa fantástica, pero ¿quién nos iba a hacer goles? ¡Si estábamos siempre en el arco de los contrarios! Nos llevaba el Trinche para allá. Entonces, yo tengo que pensar que eso que tengo es gracias a él.

Yo salí campeón con Central Córdoba y salí campeón porque el Trinche estaba en el equipo nuestro”.

Carlos Timoteo Griguol: “Carlovich tenía condiciones técnicas únicas. Al marcarlo, el tipo desaparecía por cualquier lado y con él desaparecía el balón”.

Mario Nicasio Zanabria: “Carlovich era el mejor resumen del potrero. Era zurdo, pateaba tiros libres, tiraba caños dobles, sombreros dobles, la pisaba de acá para allá, no se la podían sacar. Era desfachatado y pachorriento. Jugaba como si estuviera en el patio de su casa. Creo que nunca fue figura porque no le interesaba crecer profesionalmente y detestaba la alta competencia”.

José Néstor Pekerman: “El mejor cinco que vi en mi vida, lo incluyo en mi once ideal”.

Diego Armando Maradona: Cuando llegó a Rosario para jugar en Newell’s, un periodista le confesó el orgullo por recibir en Rosario “al mejor jugador”. Diego, rápido como siempre, contestó: “El mejor jugador ya jugó en Rosario y es el ‘Trinche’ Carlovich”.

FRASES DEL TRINCHE

"El Trinche" Carlovich

“Llegar. ¿Qué es llegar? La verdad es que yo no tuve otra ambición más que la de jugar a la pelota. Y, sobre todo, de no alejarme mucho de mi barrio, de la casa de mis viejos, de mis mejores amigos. Además, yo soy una persona solitaria. Cuando jugaba en Central Córdoba, si podía, prefería cambiarme solo, en la utilería en lugar del vestuario. Y no se trata de no tener buena voluntad o ser agrandado, solo me gusta estar tranquilo”.

“Es cierto que me sentaba en la pelota durante el partido. Pero no era una provocación. Por ahí ellos no presionaban y yo estaba un poco cansado”.

“Una vez me vinieron a buscar del Cosmos de Pelé. Estaba todo listo y se cayó. Después pasó lo mismo cuando estaba por ir a Francia. Igual, siempre disfruté de estar cerca de mi casa y jugando al fútbol”.

“A mí me sigue sorprendiendo la gente. En todos lados. La otra vez estuve en Mendoza que hace veinte años que no iba y salían de los negocios, en el restaurante que comía cuando jugaba allá me tenían la mesa reservada, había tres mil personas en el estadio. No es fácil todo eso. O por ahí viene un pibe que nunca te vio jugar, porque ni siquiera hay videos y te dice que sos su ídolo porque andá a saber lo que le contó el padre o el tío”.

“Los jugadores de la Selección Argentina se habían puesto nerviosos. Nos insultaban porque no les salían las cosas. Pero esos partidos son especiales. Capaz que jugás 200 y perdés todos. Aunque esa vez les ganamos 3 a 1”.

“En Central Córdoba me daban premio por los caños”.

“Con lo del fútbol espectáculo y todas esas cosas, me di el gusto de jugar con todos. Menos con el Diego. Jugué con Alonso, Bochini, Kempes, Fillol, con todos. Y de los de ahora me gustaría jugar con Pablo Bezombe. Me divierte, tiene calidad. No toca la pelota, la acaricia. Por él volví a la cancha. ¡En serio! Hace mucho que no iba y ahora voy todos los sábados. Me gustan los jugadores distintos y, lamentablemente, si antes eran diez buenos y alguno regular, ahora con suerte ves a uno o dos que jueguen lindo. Y encima al que tira un caño lo levantan por el aire, ¿qué es eso?”.

“Mi principal virtud era querer la pelota a cada rato. Si no la tenía me desesperaba”.

“En Rosario Central sólo me pusieron en un partido de Primera, contra Los Andes. Pero en esa época no había lugar para mí. Era el final de los años sesenta y el técnico Miguel Ignomiriello prefería a otro tipo de jugador. Así que me fui a Central Córdoba”.

“Acá en Rosario, se han inventado un montón de cosas acerca de mí. Pero no son verdad… A los rosarinos les gusta contar cuentos. Algún caño de ida y vuelta habré hecho, pero no es para tanto”.

“Nunca me gustó cafetear en los bares o ir a los bailes. La única diversión mía siempre fue jugar a la pelota”.

“Central Córdoba es lo más grande que me dio la vida”.

“El otro día fui a la casa de un amigo que la hermana le había traído unos botines y una pelota de Estados Unidos. Los botines pesaban menos que cien gramos de mortadela (risas) una cosa de locos, le podías sacar la suela y qué sé yo. Me dijo que son los que usa Beckham, y lo que no entiendo es cómo alguien le puede pegar mal a una pelota con semejantes zapatos. Y un muchacho, que se operó las dos piernas, me contó que ya jugó dos partidos y yo no lo podía creer. Cuando pueda, me voy a operar la otra cadera y te aseguro que si puedo volver a jugar, aunque sea un ratito, me vuelvo loco. Creo que no aguantaría la emoción, ¡si hace como diez años que no toco una pelota! Bah, ese día, en la casa de éste amigo, la agarré un cachito, ¿viste? Pero no soy arquero, yo la tengo que tocar con los pies. El tacto yo lo tengo en el pie”.

“Gigante de Arroyito”

HASTA EL AÑO 1927 Rosario Central, y antes de que se asentará definitivamente en los terrenos donde hoy se emplaza el Estadio Mundialista “Gigante de Arroyito”, usó diferentes campos de juego para la práctica del deporte.

Esta es una breve historia de las canchas auriazules desde los comienzos en terrenos de los ferrocarriles hasta el presente en lo que es el “Templo Auriazul”.

PRIMERAS CANCHAS: EN LOS FERROCARRILES Y PLAZA OLDENDORF

Los Sres. W. O. Lucas y T. G. Russell admiradores del “Central Argentine Railway Athletic Club” (como se lo conocía en sus comienzos a Rosario Central) consiguieron, dentro de los terrenos de la empresa (el F. C. Central Argentino), el espacio para instalar la primera cancha de en que se iniciaron las prácticas de fútbol al tiempo de la fundación del club en 1889.

Esta cancha estaba ubicada entre el Portón Nº 3 y Portón Nº 4, en las proximidades del Pasaje Celedonio Escalada (en ese entonces Pasaje de Las Cadenas).

Debido a que los la empresa ferroviaria solicitó la devolución de estos terrenos al necesitarlos, pocos años después de su fundación, en 1896, se construyó la que fue llamada Plaza Oldendorf y que estaba ubicada en la Avda. Alberdi y Jorge Harding, pero al lotearse esos terrenos, el club se vio nuevamente obligado a buscar un lugar donde poder desarrollar sus actividades deportivas, sin que estas contrariedades disminuyeran en lo más mínimo el entusiasmo de sus dirigentes y sostenedores.

LA QUINTA SANGUINETTI

“Quinta Sanguinetti”

Fue así como se llegó a la Quinta Sanguinetti en 1902. Era la famosa “cancha del cruce” o “la cancha de Talleres” (en honor al nombre del barrio, el cual coincidía con el nombre como se lo conocía popularmente al club en ese entonces), donde empezaron a surgir con carácteres propios grandes figuras de nuestro fútbol. Eso era al comienzo nada más que un descampado pues no se dejaban de noche ni tan siquiera los arcos ya que la experiencia les había hecho comprender que no faltaría vecino aprovechado que los empleara cómodamente como leña.

Poseían nada más que una casilla y cuando se hacía práctica de fútbol, previamente los entusiastas deportistas tenían el trabajo de colocar los arcos, que al final eran nuevamente desarmados.

Desfilaron por esa cancha grandes valores de Rosario Central y con esto se siguió reafirmando considerablemente su personalidad y prestigio. Tanta fue la popularidad que el equipo fue ganando que se debió construir una tribuna de 25 metros para dar cabida a los simpatizantes centralistas. En la quinta Sanguinetti se siguió hasta el año 1918, pero hubo posteriormente que cambiar de cancha nuevamente.

VUELTA A LOS FERROCARRILES

No se alejaron de la zona, y lo que hicieron fue volver a las inmediaciones del lugar inicial pues la cancha se instaló en 1919 en terrenos de la empresa del F. C. C. A., cerca de la Estación Castellanos, por Avda. Alberdi.

El estadio de Rosario Central permaneció en ese lugar hasta 1924. Pero el 1° de agosto de 1925, luego de una asamblea, se decidió romper finalmente con el vínculo que Rosario Central tenía con el Ferrocarril. De esta manera se producía la absoluta independencia de la entidad de la empresa ferroviaria donde se había iniciado y dejó los terrenos para dar los primeros pasos que habrían de conducirlo a la construcción de su actual estadio. El 28 de noviembre de 1925 la Municipalidad le concedió al club, por el término de 20 años, el terreno de la Avda. Génova y Juan B. Cordiviola en el que actualmente se emplaza el estadio canaya.

CERCA DEL PARQUE DE LA INDEPENDENCIA

Durante la construcción del nuevo estadio, Rosario Central salió por un breve tiempo de su emplazamiento habitual en zona norte y se acercó al sur rosarino. En la cancha del Club A. Bolsa de Comercio, situado en Avda. Ovidio Lagos y E. Zeballos, actuó en los años 1925 y 1926.

GÉNOVA Y CORDIVIOLA

“Gigante de Arroyito”

Su paso por la cancha de la Bolsa no fue nada más que transitorio, pues el 1º de diciembre de 1927 comenzó a jugar en el actual estadio emplazado a la orilla del río Paraná con tribunas que ofrecían comodidad para 7.000 espectadores.

La primera actuación oficial en ese campo de juego tuvó un grato recuerdo: ese día el primer equipo de Rosario Central se impuso a su tradicional adversario, Newell’s Old Boys, por 4 tantos contra 2.

“Gigante de Arroyito”

Para el año 1928 se comenzó con una ampliación del estadio que contaría con una construcción completamente de hormigón armado para 35.000 espectadores (solamente el estadio de Independiente contaba con una instalación similar en toda Sudamérica en ese entonces) y plateas con butacas pullman únicas en Rosario en su época.

Finalmente, el 27 de octubre de 1929 se inauguraron estas nuevas obras con en un encuentro amistoso ante Peñarol de Montevideo, finalizado en empate.

Hacia 1946, al aproximarse la fecha de vencimiento de la concesión, el presidente club (Roberto Monserrat) compró un terreno de 38.000 metros cuadrados ubicado en las calles Iriondo y Avenida Pellegrini con la intención de construir su estadio (se planeaba llamar al mismo “Estadio Monumental” en un comienzo). El terreno pertenecía al Ferrocarril y fue sometido a remate público.

En 1951 el club rosarino le entregó al municipio esos 38.000 m2 que había comprado entre las calles Iriondo y Pellegrini a cambio de los 35.000 m2 que ya utilizaba desde 1927 en Cordiviola y Avenida Génova y en donde ya tenía su estadio. La negociación fue exitosa y de esta manera, Rosario Central pudo hacerse de la propiedad definitiva de los mismos el 26 de junio de ese año.

MÁS REFORMAS EN EL ESTADIO PROPIO

“Gigante de Arroyito”

En 1955 se comenzaron los trabajos en la tribuna alta del estadio, con el dinero obtenido por la venta al Inter de Milán del goleador de ese campeonato, Oscar Massei (21 tantos).

Más obras se realizaron en los años subsiguientes. En 1957 se comienza la contrucción de la doble tribuna con visera que da a la calle Cordiviola, que reemplazaría a la por entonces tribuna oficial. La construcción estaba programada en tres etapas dejando las restantes para el año 1963 y 1968.

Para 1973 salieron a circulación chequeras del Banco Monserrat de Rosario para que tantos los socios como los simpatizantes que quisieran sustentar las obras lo pudieran hacer.

“Gigante de Arroyito”

En 1974Rosario Central y Newell’s Old Boys presentaron a sus respectivos estadios como potenciales sedes para la Copa Mundial de 1978 que se disputaría en Argentina. Y el 11 de octubre de ese año llegó el comité de la FIFA con João Havelange a la cabeza y luego de una exposición de ambos clubes en el Palacio Municipal se hizo una recorrida por los estadios y sus alrededores. Tras la aprobación de la AFA y de la FIFA, se decidió que el estadio de Rosario Central sería el elegido para representar a la ciudad de Rosario en la mayor fusta futbolística a nivel de selecciones nacionales.

“Gigante de Arroyito”

Había trabajo para hacer. Ya para el año 1975 el estadio ya contaba con las tribunas bajas y altas detrás de los arcos y las y las tribunas bajas y altas de Cordiviola y la que esta de espaldas al río.

En el año 1976 el ente autárquico mundial 78 (EAM 78) se hace cargo del resto de los detalles entre los que están la instalación del autotrol, las torres de iluminación, la sala de prensa, la finalización de la platea alta, y otros detalles que ascendían a un 15% de las obras con las que actualmente cuenta el  estadio ya que el 85% había sido construido en su totalidad por el club a lo largo de las décadas anteriores a que el mismo hiciera estos últimos retoques en la estructura de la cancha.

“Gigante de Arroyito”

Actualmente el “Gigante” está conformado por las dos populares que están detrás de los arcos, la que da a Regatas y la que da a Avda. Genova con una capacidad de 11.000 espectadores aproximadamente cada una, y las plateas que se encuentran a espaldas al río Paraná y a calle Cordiviola ubicadas al costado del campo de juego cuentan con capacidad de 20.000 personas cómodamente sentadas. En sumatoria, la capacidad actual del mismo es de 41.654 personas.

Los partidos la Copa del Mundo 1978 que se disputaron en el estadio canaya fueron seis. Por la primera ronda del Grupo 2, el 2 de junio se enfrentaron Túnez – México (3 a 1, concurrencia: 17.396); el 6 de junio: Polonia – Túnez (1 a 0, concurrencia: 9.624) y el 10 de junio: Polonia – México (3 a 1, concurrencia: 22.651). Por la segunda ronda se pudieron seguir desde el Estadio Mundialista de Arroyito los 3 partidos de la Selección Argentina: la victoria 2 a 0 frente a Polonia (14 de junio, concurrencia: 37.091), el empate sin goles ante Brasil (18 de junio, concurrencia: 37.326) y el recordado triunfo por 6 a 0 frente al seleccionado de Perú (21 de junio, concurrencia: 37.315) que clasificó a Argentina a jugar la final contra Holanda que finalmente obtendría.

“Gigante de Arroyito”

REFERENCIAS:

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