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Tapa de El Gráfico por el campeonato logrado

HASTA 1990 los campeonatos de Primera División venían realizándose en una rueda larga de ida y vuelta de 38 partidos en los que el mejor se llevaba el título de campeón.

Para la temporada 1990/91 la AFA decidió cambiar las reglas (como ya lo había hecho en otras ocasiones) y se decidió que se jugaría en dos tantas, el ganador de los partidos de ida lograría una de las plazas para la final y el ganador de los partidos de vuelta sería el otro finalista. A estas dos rondas se le dieron el nombre de Torneo Apertura 1990/91 y Torneo Clausura 1990/91 (que no deben confundirse con los torneos cortos actuales pese a la similitud del nombre).

La primera ronda de 18 partidos (el Apertura de fin de año) tuvo como clasificado para la final por el campeonato que se jugaría a mediados de 1991 a Newell’s Old Boys.

La segunda ronda de 18 partidos (el Clausura de comienzo de año) coronó a Boca Juniors.

Primer equipo de Newell's Old Boys (1990)

Las finales, primero en Rosario y luego en la Bombonera, dictaron que el Campeón del Torneo 1990/91 fuese Newell’s, en un feriado nacional: un 9 de julio de 1991.

Hoy día, algunos todavía argumentan que el Apertura de ese campeonato debe contarse como un campeonato aparte. Sin embargo, desde la AFA nunca fue considerado como dos campeonatos independientes, sino como dos ruedas del mismo torneo.

Si bien este dato por sí solo debería bastar, otro detalle que apoya este hecho es que:

Primer equipo de Boca Juniors (1991)

Boca venía de una sequía de 10 años sin títulos locales (desde el Metro del 81 con Maradona y Brindisi) y que no fue sino hasta el Apertura 1992 (con los goles de Manteca Martínez) que Boca pudo cortar esta racha. Es más, jugadores como Batistuta o Latorre (recordado tándem del equipo boquense que logró el pase a la final 90/91) no se cuentan en su palmarés ningún título en ese año.

Este fue el único campeonato que se jugó con este formato y, a partir de ahí, la AFA modificó la estructura de los campeonatos nuevamente. Desde entonces, y por lo menos hasta nuestros días, en una temporada habría dos campeones (Apertura y Clausura) y se marcaría el adios a los campeonatos largos.

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Primer equipo de Boca Juniors (1940)

EL TORNEO DE PRIMERA DIVISIÓN del año 1940 fue uno de esos plagado de suspicacias y casos raros.

Delfín Benítez Cáceres

Para los libros, y para la historia minimalista en la que vivimos, lo que posiblemente figuren sean el campeón y el goleador del mismo: Boca Juniors con 55 puntos fue el campeón (24 victorias, 7 empates y 3 derrotas; 85 goles a favor y 36 en contra) y Delfín Benítez Cáceres de Racing e Isidro Lángara de San Lorenzo fueron los goleadores con 33 goles (Arsenio Erico el goleador histórico del fútbol argentino de Independiente terminó 4° con 29 goles).

Isidro Langara

Pero esos no son los datos curiosos que convertirían a ese campeonato en, al menos, “curioso”…

Y el primero de los “detalles” tuvo con ver con el ascendido, uno de los equipos que jugaba su primer campeonato a nivel profesional, pese a haber sido uno de los equipos que jugó en los torneos amateurs de la AFA: el Club Atlético Banfield. Su llegada a la Primera División estuvo signada por un soborno comprobado a dos jugadores del club Barracas Central. Lo raro fue que la Asociación del Fútbol Argentino de manera insólita convalidó el ascenso, pero lo que decidió a modo de castigo es darle por perdidos los cinco primeros partidos que debía disputar (Newell’s Old Boys,  Vélez Sarsfield, Huracán, Boca Juniors y Lanús se llevaron los puntos sin siquiera jugar esos matches). Su debut, en la sexta fecha, fue contra Atlanta (los Bohemios habían comenzado bien ese torneo, aunque después caerían a los últimos puestos de la tabla, y serían actores fundamentales de otro acontecimiento interesante protagonizado en la última fecha del que hablaremos en otro de los párrafos) fue con un sólido triunfo, por 7 a 3, que de a poco iría lavando la mancha del reprochable ascenso logrado.

Otro que sufrió una suspensión, aunque sólo por una fecha, fue Ferro Carril Oeste, al que la AFA le dio por perdido su partido contra Vélez sin jugarlo (pese a esos dos puntos “de oro” otorgados, los del Fortín también serían protagonistas de la última fecha y un final “bizarro”).

Siguieron las suspicacias y ambas estuvieron relacionadas con los equipos que descenderían ese año (en esa temporada serían 2 los equipos relegados a la B). El primero de los descensos, no se dio en la cancha, sino en los escritorios de la AFA. Y tuvo que ver con otro sobornoChacarita Juniors, que se hallaba muy comprometido en los últimos lugares de las posiciones, debía enfrentar a Newell’s Old Boys de visitante. Los dirigentes del Funebrero, habían acordado una “cita” con el arquero leproso, para arreglar “detalles” en un bar de Arroyo Seco, ciudad aledaña a Rosario. Sin embargo, el portero, Ramaciotti alertó a la policia sobre el ilícito y tras agarrar a los de Chacarita con “las manos en la masa”, la AFA tomó rápidamente cartas en el asunto y se le dieron por perdidos los últimos 6 partidos (Boca Juniors, Lanús, Atlanta, Independiente, Gimnasia y Esgrima y Rosario Central) y con esto quedo condenado a jugar en la B.

Por último, Vélez llega a la última fecha con la mínima ventaja sobre Atlanta, peleando por el segundo descenso. El equipo de la V azulada, dependía de sí mismo, y quizás los partidos antes mencionados (Atlanta vs. Banfield y Vélez vs. Ferro) hayan jugado un papel importante para que se llegara con esta luz de ventaja.

José Battagliero

Los de Liniers enfrentaban a San Lorenzo y los Bohemios al Independiente que ya había salido subcampeón, y que contaba con cracks de la talla de Arsenio Erico, Antonio Sastre y Vicente de la Mata. ¿Trámite para el Rojo? Nada que ver, dado que al término de la primera etapa Atlanta se imponía por 6 a 0. Y con esto había igualdad de puntos porque Fortineros y Santos no se sacaban ventaja. En la segunda etapa, Independiente mostró una reacción notable con la conversión de 4 goles en 20 minutos. Sin embargo, Vélez no supo mantener el resultado y cayó derrotado por 2 a 0. Con esto, Atlanta mantuvo la categoria, mientras que Vélez Sarsfield tuvo que jugar en la segunda categoria del fútbol argentino.

¿Quedaban lugar para más suspicacias?

No se supo de ningún “arreglo” concreto para que Independiente se dejara ganar en la última fecha, y de esta manera posibilitar la permanencia de Atlanta. Sin embargo, más que “curioso” es el hecho que José Battagliero, zaguero del Bohemio, pasó sin costo a la institución de Avellaneda al finalizar ese torneo. NUNCA NADIE LO SABRÁ, AL MENOS NO LO CONFESARÁN ABIERTAMENTE.

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De yapa: En el vídeo se puede ver uno de los goles del enfrentamiento entre Boca e Independiente por la fecha 32. En el que Boca, ya campeón, se enfrentaba al segundo, Independiente el 8 de diciembre de 1940. El partido finalizó 5 a 2 a favor de Boca y con este resultado pudo demostrar porque era el justo campeón en medio un torneo de tantos hechos extraños.

La "Palomita" de Poy

LOS LIBROS cuentan que el Campeonato Nacional de 1971 se dividio en 2 grupos. Los 2 primeros de cada grupo clasificarian a las semifinales.

En uno de los grupos Independiente con 24 puntos y Newell’s Old Boys con 23 clasificaron a las semifinales (relegando a Belgrano y a River ambos con 21). En el otro Rosario Central encabezó las posiciones con 21 puntos seguido por San Lorenzo con 20 (Boca tambien tuvo 20 pero quedo relegado por diferencia de goles).

El 18 de diciembre de 1971, Independiente y San Lorenzo jugaron la primera de las semifinales en el estadio de River Plate. El juego terminó igualado 2 a 2 (Semenewicz y Maglioni marcaron para el rojo y Ayala y Fischer para los cuervos). En la definición por penales San Lorenzo se impuso por 7 a 6 (en la que fue la primera definición por penales del fútbol argentino).

Al día siguiente, también en el Monumental, tuvo lugar la otra semifinal entre Rosario Central y Newell’s Old Boys. Los equipos rosarinos buscaban por primera vez un título para el interior del país dado que hasta entonces Buenos Aires había tenido el monopolio de los mismos.

Promediando el segundo tiempo y estando el encuentro igualado sin goles aparecio Aldo Pedro Poy conectando de palomita un centro desde la derecha del uruguayo Jorge José González para marcar el único gol del encuentro.

El resto es historia… 3 días después, el 22 de diciembre de 1971, el Canaya obtuvo el primer título profesional para un equipo del interior del país (después que en 1970 se le hubiera negado al terminar segundo de Boca) al vencer a San Lorenzo por 2 a 1 (el Chango Gramajo y el Pato Colman para Central dieron vuelta el marcador después que Scotta para San Lorenzo marcara la ventaja parcial).

Sin embargo, el encuentro que ha pasado al recuerdo popular no fue éste último ante los Santos de Boedo, sino aquel otro de la Palomita.

Una palomita que aún hoy sigue volando.

Para escuchar el audio del gol de la radio les dejo el siguiente link.

"El Trinche" Carlovich

MUCHOS RECORDARÁN, o habrán oido hablar, del 3 a 1 de Rosario a la Seleccion Argentina allá por el año 1974.

Y es bueno detenerse en la figura de aquel encuentro, como lo llamó El Gráfico “UN TAL CARLOVICH”

La historia de los Carlovich comienza en Yugoslavia.

Y desde allí en los inicios de la década del ’30, Mario Carlovich se vino y decidió instalarse en el barrio Belgrano de la ciudad de Rosario y trabajar allí como plomero, arreglando o destapando cañerías. Allí Mario formó su familia, se casó y tuvo siete hijos. El último, “Tomasito”, fue quién llevó ese apellido a la leyenda.

Aquel niño nacido un 20 de abril de 1949 y que jugaba en los descampados de su barrio fue descubierto enseguida y lo llevaron a las inferiores de Rosario Central pero su máximo potencial lo consiguió en el Central Córdoba de la misma ciudad, entre la década del ’70 y su retiro definitivo en 1986, con cuatro pasos distintos por la entidad.

Felipe Tomás Carlovich era un jugador de mediacancha, número 5 para ser más especifico.

Con Central Córdoba consiguió el ascenso de 1973 (uno de los equipos que mejor fútbol vio la ciudad) y el ascenso de 1982. Pero en 1972, el conjunto charrúa perdió veinte puntos y la imposibilidad de jugar como local en Rosario y en un radio de setenta kilómetros: Jugando en San Nicolás de los Arroyos y reventando las recaudaciones, Central Córdoba hizo una de las mejores campañas de su historia, surgiendo para el periodismo especializado, el “Trinche” Carlovich, el ídolo del Barrio Tablada.
Su carrera como se mencionó comenzó en Rosario Central hacia fines de los 60 (llegó a jugar un partido en 1969 con la casaca auriazul en Primera) y pasó por Sportivo de Bigand y Flandria fugazmente en esos años, pero no fue sino en Central Córdoba que adquiriría el cartel de ídolo.

En el Charrúa jugó entre 1971 a 1974 (Campeón en 1973), en 1978, entre 1980 y 1983 (Campeón en 1982, asciende a la divisional “B”) y 1986. Con un total de 236 partidos y 28 goles para los de barrio Tablada.

Jugó también en Mendoza (Independiente Rivadavia -con el cual le ganó al Inter de Italia por 3 a 1 en un amistoso que Carlovich recuerda como una de sus mejores actuaciones- y Deportivo Maipú) y en Colón de Santa Fe.

Para definirlo mejor que mejor que algunos de los comentarios que gente del fútbol que lo conoció ha hecho y sus propios dichos:

LO QUE DICEN DE ÉL

"El Trinche" Carlovich

César Luis Menotti: “Carlovich fue uno de esos pibes de barrio que, desde que nacen, tienen como único juguete la pelota. Entre él y la pelota había una relación muy fuerte. La técnica que tenía lo convertía en un jugador completamente diferente. Era impresionante verlo acariciar la pelota, tocar, gambetear… Claro que, al mismo tiempo, durante su carrera no encontró reservas físicas que sostuvieran todas las condiciones técnicas que tenía.

Además, desafortunadamente, tampoco tuvo a nadie que lo acompañara y lo comprendiera. Es una pena, porque Carlovich estaba llamado a ser uno de los jugadores más importantes del fútbol argentino. Me acuerdo que lo vi jugar en un combinado de Rosario contra la Selección Argentina y fue el mejor hombre de la cancha. Y eso que, entre otros, había monstruos como Miguel Brindisi. Verlo era un deleite. Después no sé qué le pasó. Tal vez lo aburría el fútbol profesional. A él le gustaba divertirse y no se sentía a gusto con algunos compromisos”.

Roberto Fontanarrosa: “El Trinche era un fenómeno. Hacía cosas que nadie esperaba. Era habilísimo y le pegaba a la pelota, además de fuerte, con una variedad de golpes fabulosa. Anticipó cosas que después se le vieron a Borghi. Carlovich era un atorrante; cuando jugaba en las inferiores de Central, Ignomiriello tenía que ir a buscarlo a la casa para que fuera a entrenar. Coincido con los que dicen que fue uno de los mejores jugadores argentinos”.

Aldo Pedro Poy: “No entiendo por qué no llegó a jugar en algún club importante. Tenía unas condiciones técnicas extraordinarias. Era medio lento, pero muy hábil. Y guapo. Todavía no vi otro cinco como él. Aquel partido de la Selección con el combinado de Rosario, en el que yo jugué para la Selección, Carlovich la rompió. No lo podíamos parar, ni a él ni a sus compañeros. Nos ganaron 3 a 1 porque pararon la máquina y al “Trinche” lo sacaron a los 15′ del segundo tiempo, si no…”

Ubaldo Matildo Fillol: “Descubrí a Carlovich en un amistoso de la Selección Argentina que se preparaba para el Mundial de Alemania -y que yo también integraba- contra un combinado rosarino. Ese día la descosió. Tenía un dominio de la pelota y un panorama increíbles. Fue el mejor cinco que vi en mi vida”.

Eduardo Quinto Pagés (arquero, ex compañero en Central Córdoba): “Yo en Central Córdoba tengo la valla menos vencida de su historia, 606 minutos. Tenía una defensa fantástica, pero ¿quién nos iba a hacer goles? ¡Si estábamos siempre en el arco de los contrarios! Nos llevaba el Trinche para allá. Entonces, yo tengo que pensar que eso que tengo es gracias a él.

Yo salí campeón con Central Córdoba y salí campeón porque el Trinche estaba en el equipo nuestro”.

Carlos Timoteo Griguol: “Carlovich tenía condiciones técnicas únicas. Al marcarlo, el tipo desaparecía por cualquier lado y con él desaparecía el balón”.

Mario Nicasio Zanabria: “Carlovich era el mejor resumen del potrero. Era zurdo, pateaba tiros libres, tiraba caños dobles, sombreros dobles, la pisaba de acá para allá, no se la podían sacar. Era desfachatado y pachorriento. Jugaba como si estuviera en el patio de su casa. Creo que nunca fue figura porque no le interesaba crecer profesionalmente y detestaba la alta competencia”.

José Néstor Pekerman: “El mejor cinco que vi en mi vida, lo incluyo en mi once ideal”.

Diego Armando Maradona: Cuando llegó a Rosario para jugar en Newell’s, un periodista le confesó el orgullo por recibir en Rosario “al mejor jugador”. Diego, rápido como siempre, contestó: “El mejor jugador ya jugó en Rosario y es el ‘Trinche’ Carlovich”.

FRASES DEL TRINCHE

"El Trinche" Carlovich

“Llegar. ¿Qué es llegar? La verdad es que yo no tuve otra ambición más que la de jugar a la pelota. Y, sobre todo, de no alejarme mucho de mi barrio, de la casa de mis viejos, de mis mejores amigos. Además, yo soy una persona solitaria. Cuando jugaba en Central Córdoba, si podía, prefería cambiarme solo, en la utilería en lugar del vestuario. Y no se trata de no tener buena voluntad o ser agrandado, solo me gusta estar tranquilo”.

“Es cierto que me sentaba en la pelota durante el partido. Pero no era una provocación. Por ahí ellos no presionaban y yo estaba un poco cansado”.

“Una vez me vinieron a buscar del Cosmos de Pelé. Estaba todo listo y se cayó. Después pasó lo mismo cuando estaba por ir a Francia. Igual, siempre disfruté de estar cerca de mi casa y jugando al fútbol”.

“A mí me sigue sorprendiendo la gente. En todos lados. La otra vez estuve en Mendoza que hace veinte años que no iba y salían de los negocios, en el restaurante que comía cuando jugaba allá me tenían la mesa reservada, había tres mil personas en el estadio. No es fácil todo eso. O por ahí viene un pibe que nunca te vio jugar, porque ni siquiera hay videos y te dice que sos su ídolo porque andá a saber lo que le contó el padre o el tío”.

“Los jugadores de la Selección Argentina se habían puesto nerviosos. Nos insultaban porque no les salían las cosas. Pero esos partidos son especiales. Capaz que jugás 200 y perdés todos. Aunque esa vez les ganamos 3 a 1”.

“En Central Córdoba me daban premio por los caños”.

“Con lo del fútbol espectáculo y todas esas cosas, me di el gusto de jugar con todos. Menos con el Diego. Jugué con Alonso, Bochini, Kempes, Fillol, con todos. Y de los de ahora me gustaría jugar con Pablo Bezombe. Me divierte, tiene calidad. No toca la pelota, la acaricia. Por él volví a la cancha. ¡En serio! Hace mucho que no iba y ahora voy todos los sábados. Me gustan los jugadores distintos y, lamentablemente, si antes eran diez buenos y alguno regular, ahora con suerte ves a uno o dos que jueguen lindo. Y encima al que tira un caño lo levantan por el aire, ¿qué es eso?”.

“Mi principal virtud era querer la pelota a cada rato. Si no la tenía me desesperaba”.

“En Rosario Central sólo me pusieron en un partido de Primera, contra Los Andes. Pero en esa época no había lugar para mí. Era el final de los años sesenta y el técnico Miguel Ignomiriello prefería a otro tipo de jugador. Así que me fui a Central Córdoba”.

“Acá en Rosario, se han inventado un montón de cosas acerca de mí. Pero no son verdad… A los rosarinos les gusta contar cuentos. Algún caño de ida y vuelta habré hecho, pero no es para tanto”.

“Nunca me gustó cafetear en los bares o ir a los bailes. La única diversión mía siempre fue jugar a la pelota”.

“Central Córdoba es lo más grande que me dio la vida”.

“El otro día fui a la casa de un amigo que la hermana le había traído unos botines y una pelota de Estados Unidos. Los botines pesaban menos que cien gramos de mortadela (risas) una cosa de locos, le podías sacar la suela y qué sé yo. Me dijo que son los que usa Beckham, y lo que no entiendo es cómo alguien le puede pegar mal a una pelota con semejantes zapatos. Y un muchacho, que se operó las dos piernas, me contó que ya jugó dos partidos y yo no lo podía creer. Cuando pueda, me voy a operar la otra cadera y te aseguro que si puedo volver a jugar, aunque sea un ratito, me vuelvo loco. Creo que no aguantaría la emoción, ¡si hace como diez años que no toco una pelota! Bah, ese día, en la casa de éste amigo, la agarré un cachito, ¿viste? Pero no soy arquero, yo la tengo que tocar con los pies. El tacto yo lo tengo en el pie”.

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