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Selección de España, campeona del Mundo

LUEGO DE CASI dos meses de la finalización de la Copa del Mundo que se realizó en Sudáfrica, es hora para hacer un pequeño raccónto de lo que nos dejo.

Francia e Italia se volvieron en primera ronda

Por un lado, se puede hablar de sorpresas (o decepciones), o no tanto si se tienen en cuenta los antecedentes con las selecciones llegaban, cuando se analizan el paso de los finalistas de la Copa anterior. Tanto Italia como Francia no estuvieron a la altura de aquellos dos seleccionados que se vieron las caras en la final en Alemania en 2006. Tal vez, mucho tenga que ver con la ausencia de los conductores que supieron imponer su juego en tierras teutonas. Por el lado de Francia, Zinedine Zidane se retiró de la práctica activa del deporte justamente luego de ese encuentro, y por el lado de Italia, Francesco Totti sencillamente no fue convocado para integrar el plantel. Ambos equipos los extrañaron de sobremanera, no superaron la primera ronda, no lograron ninguna victoria y se retiraron con derrotas ante rivales que no pudieron ganarle a ningún otro equipo (Francia ante Sudáfrica e Italia ante Eslovaquia).

Selección de los Países Bajos (Holanda)

Lo opuesto se vio en aquellas dos selecciones que llegaron a la final (en este caso se puede hablar de sorpresas positivas). Tanto España como los Países Bajos llegaban con el estigma de nunca haber podido levantar la Copa. Sin embargo, ambos equipos llegaban bien parados, con equipos que se conocían bien y con una eliminatoria invicta. España además llegaba con la carga de reafirmar los pergaminos por su campeonato en la Eurocopa 2008. Y no desentonaron.

España, merecidamente, consiguió el tan esquivo trofeo. Y ha sentado las bases en la formación de una nueva dinastía futbolística con un estilo de juego característico y jugadores de una gran riqueza técnica como Xavi Hernández y Andrés Iniesta (compinches y referentes del F.C. Barcelona multicampeón).

Diego Forlán (Uruguay)

Por último, es de destacar la labor de Diego Forlán, quien llevó a Uruguay a las semifinales a base de entrega y orgullo personal. Muy bien merecida estuvo su designación como Balón de Oro del Mundial (premio que se le entrega al mejor jugador del certamen). Cabe destacar que desde que se realiza esta premiación, en 1982, esta es la segunda vez que el futbolista elegido no es de uno de los equipos que han participado en la final (el anterior había sido el italiano Salvatore Schillaci en la Copa de 1990).

Ganadores, perdedores; éxitos, fracasos; jugadores que brillan con luz propia. Tanta expectación y tan pronto se terminó todo. Habrá que esperar cuatro años más para disfrutar de la cita mundialista en tierras brasileñas… y a tratar de aprender de errores cometidos.

Di Stéfano en River

ALFREDO DI STÉFANO LAULHÉ fue, de acuerdo a los comentarios de los que lo vieron jugar, uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol. Este futbolista multifuncional argentino descendiente de italianos empezó a hacer sus primeros pasos en el fútbol profesional en el club del que era socio de chico, River Plate, e hizo su debut en primera ante Huracán en 1945.

Fue justamente en el equipo de Parque Patricios en el que jugó en el campeonato siguiente (1946) a prestamo. En 1947, y ya de vuelta en River, se consagraría nuevamente campeón como en el ’45, pero esta vez con el agregado de ser el máximo goleador del torneo.

Di Stéfano en Millonarios

Desde ese entonces jugó en varios clubes (entre ellos en el Millonarios de Colombia y en el Espanyol de Barcelona) e integró el plantel de tres diferentes seleccionados nacionales (Argentina, Colombia y España).

EN EL REAL MADRID

Sin lugar a dudas, el equipo con que más se relaciona su nombre no es otro que el del Real Madrid de España, en el cual jugó entre 1953 y 1964 y en el que se convirtió en ídolo indiscutido de la afición blanca.

Di Stéfano en el Real Madrid

Con el equipo merengue disputó 510 partidos y convirtió 418 goles y consiguió en esos 12 años ocho torneos de Liga, cinco Copas de Europa (la antecesora a la Champions League Cup), una Copa de España y una Intercontinental, entre muchos otros títulos menores; además de consagrarse como “Pichichi” en cinco oportunidades (1953/54, 1955/56, 1956/57, 1957/58 y 1958/59). A esto hay que agregarle el Balón de Oro de la UEFA que recibió en 1957 y 1959.

VISTIENDO LA CAMISETA DEL BARCELONA

Sin embargo, un hecho que pudo marcar un punto de viraje en la historia de Don Alfredo, fue el de su llegada a España.

Justamente, su arribo al país ibero estuvo marcada por una puja entre los dos equipos más importantes del país, el Real Madrid de la capital hispana y el Fútbol Club Barcelona de la ciudad catalana homónima, por ver quién conseguía contar con los servicios del notable jugador (en Millonarios llevaba convertidos 267 goles en 294 encuentros disputados).

El Barça ya contaba desde 1950 con el estupendo mediocampista/delantero húngaro Ladislao Kubala, y con él en su escuadra logró todos los títulos entre 1951 hasta 1953 (las Ligas 1951/52 y 1952/53 y las Copas 1950/51, 1951/52 y 1952/53). Para la temporada 1953/54 le habían echado el ojo a Alfredo para reforzar el ya poderoso equipo y para esto se puso en contacto y realizó sus operaciones con River Plate (club dueño del pase del jugador) y con la aprobación de la FIFA arribó a España el 13 de mayo de 1953 listo para unirse a las filas del equipo blaugrana, sin embargo, y debido a que la Real Federación Española de Fútbol no convalidó el transpaso, por diferencias que surgieron con el Millonarios de Colombia (club en el que estaba jugando a préstamo y que también reclamaba una compensación económica), en ese momento intervinó desde la vereda de enfrente Santiago Bernabéu (presidente del Madrid) quien se encargó de convencer al jugador para que fichara para el Real Madrid y de cerrar el pase con el club colombiano y lograr el consentimiento de River.

Libro "El Caso Di Stéfano" (Editorial Península)

Al verse en esta encrucijada, el Barça que estaba convencido que el gobierno intervendría a favor del Madrid en la negociación intentó como medida desesperada, ceder a Di Stéfano al fútbol italiano. Sin embargo, como era de esperarse, esto no prosperó y, ante el reclamo de los dos clubes interesados, el 15 de septiembre José Moscardó Ituarte (uno de los militares de confianza de Franco y en ese tiempo Jefe de la Delegación Nacional de Deportes de España) tomó la decisión salomónica de que Di Stéfano jugaría 4 años en España, el primero y el tercero vistiendo la casaca del Real y el segundo y cuarto con la del equipo culé. Esto no fue del agrado por la directiva del Barcelona, con su presidente Enric Martí Carreto a la cabeza, y por eso presentaron su renuncia como bloque en protesta a la decisión tomada.

El 23 de septiembre de ese año hace su debut con la camiseta blanca en un amistoso ante el Nancy francés y de manera oficial en la tercera fecha de la Liga el 27 de septiembre en la victoria ante el Racing de Santander por 4 a 2.

El 23 de octubre, el ex presidente del club catalán Josep Vidal-Ribas y en ese entonces miembro de la comisión que se hizo cargo interinamente del club hasta las nuevas elecciones firmó el comunicado en el que el club Barcelona renunciaba a todos los derechos sobre Di Stéfano en favor del Real Madrid, justo dos días antes de que ambos equipos se enfrentaran por la séptima fecha de la Liga. El resultado fue 5 a o en favor del Madrid y Alfredo marcó 2 de los goles de la victoria.

Mucho se sigue hablando al respecto, incluso se han publicado libros como el de los periodistas Xavier Luque y Jordi Finestres: “El Caso Di Stéfano” (de la Editorial Península), en el que se mencionan las conexiones políticas relacionadas con el Franquismo, un viaje sorpresa del presidente de la Federación Española para reunirse con el Consejo de Ministros, presiones del Instituto Español de Moneda Extranjera, y desaparición de documentos oficiales entre muchas líneas argumentales acerca de lo que en realidad ocurrió tras la turbia operación y su rara resolución.

Di Stéfano con sus cinco Copas de Europa

Lo que si es cierto es que desde ese momento todo cambió en la historia del balompié español y mundial. Hasta antes de la llegada de Di Stéfano a Madrid, el Real Madrid contaba con solamente 2 títulos de Liga (el último de estos logrado en 1933, 21 años antes de la llegada de Alfredo) y lo superaban en cantidad de campeonatos el Barcelona con 6, el Atlético Madrid con 4 (dos títulos los ganó con el nombre Atlético Aviación) y Athletic de Bilbao y Valencia con 3 cada uno. Hoy en día cuenta con 31 Ligas en su haber, 11 más que el Barcelona, su inmediato perseguidor.

Además, el Real se adjudicó las primeras cinco ediciones de la Copa de Europa que empezó a disputarse en la temporada 1955/56 y, de esta manera, hablar del Real Madrid hoy en día es hablar de uno de los equipos más exitosos de la historia mundial del fútbol.

¿Qué hubiera sido del Barcelona con Di Stéfano? Tal vez un buen ejemplo del potencial con que hubiese contado el Barça con Alfredo y Kubala (entre otros) en su formación lo da uno de los pocos amistoso que llegó a disputarse en esos meses entre la llegada de la “Saeta Rubia” a España y su incorporación al Madrid y en los cuales se Alfredo se calzó la casaca barcelonista. En esa ocasión, Alfredo Di Stéfano con la blaugrana enfrentó al Vasco da Gama de Brasil y el resultado fue un lapidario 6 a 2 a favor del Barcelona. Por lo menos ese día Di Stéfano fue culé.

Di Stéfano con la camiseta del Barcelona

REFERENCIAS:

  • Página oficial del Real Madrid Club de Fútbol (ver link).
  • Página oficial del Fútbol Club Barcelona (ver link).
  • Página oficial de la FIFA (ver link 1, ver link 2).
  • José Ignacio Lago, página “El Realmadrid: Historia de un sueño” (ver link).
  • Página webdelcule.com (ver link).
  • Página oficial de la Liga Profesional de Fútbol de España (ver link 1, ver link 2).
  • Página de Ediciones Peninsula (ver link).

Vuelta al ruedo

LUEGO DE UNAS SEMANAS ocupadas y ajetreadas, volvemos a volcar en este espacio, casi de manera catárquica, la pasión que uno tiene por el deporte de la globa.

Pasó una nueva Copa del Mundo (la que coronó a España en la gesta sudafricana) y nuevas temporadas y torneos están comenzando en la liga local (tanto en la Primera División como en las divisionales menores de la Argentina). Todo vuelve, todo se recicla, equipos ascienden, equipos descienden. La pasión sigue estando, inalterable, y el amor enfermizo que el futbolero de ley tiene no se esfuma por el andar momentáneo del equipo de sus amores.

Por ese sentimiento, y en honor al hincha, que casi religiosamente sigue fiel al escudo y a la casaca de su club, siempre brindamos cuando la pelota, empieza a rodar nuevamente. Porque en el balompié todos los partidos empiezan cero a cero y siempre hay una nueva chance de reescribir la historia.

por AleCanaya

Obdulio Varela recibiendo el Trofeo de manos de Jules Rimet.

CADA PUEBLO tiene su catástrofe nacional, algo así como su Hiroshima. Nuestra catástrofe nacional, nuestro Hiroshima fue la derrota frente a Uruguay en 1950″ escribió el reconocido autor brasileño Nelson Rodrigues.

Jugando de local, Brasil sólo necesitaba de un empate en el último partido de la fase final de grupos para ganar la Copa del Mundo de 1950. Enfrente tenía de partenaire a Uruguay, que necesitaba de una victoria para robarle el trofeo a sus rivales, la entera Brasil, ya celebrando de antemano, no esperaba nada menos que un triunfo de local cómodo en el Maracaná de Rio de Janeiro.

Selección de Uruguay (1950)

La prensa declaró que el día de la final que Brasil ya había salido campeón, con O Mundo imprimiendo una foto del plantel con las palabras: “Estos son los campeones del mundo”. Todo parecía ir sobre ruedas cuando Friaça puso en ventaja a Brasil al minuto 46. Pero a la mitad del segundo tiempo, la que a la postre sería una leyenda del Milan, Juan Schiaffino empató el partido.

Brasil seguía siendo la campeona del mundo hasta que el desastre llegó al minuto 79: Uruguay anotó nuevamente. Alcides Ghiggia gambeteó a Bigode y pateó al palo más cercano a Barbosa, a la vez que el arquero estaba esperando un pase al medio. Uruguay fue el campeón de la Copa del Mundo, y la entera nación brasileña quedó de luto con motivo de lo que llegó a conocerse como el Maracanazo. Algunos de los fánaticos se suicidaron, a la vez que muchos de los integrantes del equipo de Brasil fueron abusados por el público.

El guardavalla Barbosa se convirtió en el chivo expiatorio, y vivió el resto de su vida en la miseria antes de morir sin un centavo en el año 2000. “Bajo la ley brasileña la pena máxima es de treinta años. Pero mi encarcelamiento ha durado cincuenta años” dijo antes de morir. Siete años antes Barbosa había intentado visitar al plantel brasileño en un entrenamiento, pero se le negó la entrada por temor a que le trajera mal de ojo.

Gol de Ghiggia

“Harry” Hayes

JUAN ENRIQUE HAYES, más conocido como Harry, nació en el barrio rosarino de Arroyito el 20 de enero de 1891, era el hijo de una pareja de inmigrantes ingleses que habían arribado a la Argentina en un barco que transportaba carbón.

Ya de pibe su pasión fue el balompié y siempre iba a ver los partidos del entonces “Central Argentine Railway Athletic Club” que más tarde se conocería como Rosario Central, desde entonces su sueño fue el de convertirse en futbolista. Fue un delantero goleador por excelencia. Tenía un disparo de media distancia muy violento y gran fortaleza física, además de una gran maestría para definir frente al arco.

En 1907 hizo su debut en primera, a la joven edad de 16 años, con la casaca auriazul, el club en que jugó hasta el momento de su retiro en 1926. Pero previamente protagonizó la primera transferencia del fútbol rosarino. Harry había jugado sólo un partido vistiendo la camiseta del entonces Argentino de Rosario (actualmente llamado Gimnasia y Esgrima de Rosario) en un partido que jugó contra Newell’s con el solo motivo de beneficiar a su querido Central. Después de esto, el 19 de junio de 1905, cuando tan sólo contaba con 14 años, Harry se presentó ante la Liga Rosarina y pagó de su bolsillo la suma de cinco pesos en concepto de gastos de sellado para pagar su pase de Argentino a Rosario Central, pese a que en esos tiempos de balompié amateur los jugadores no recibían sueldo alguno por sus intervenciones en los encuentros domingueros.

Equipo de primera de Rosario Central (1915)

Primer equipo de Rosario Central (1915)

Durante el tiempo que jugó para Rosario Central, Harry y el club lograron siete torneos locales (Campeonatos de la Rosarina: 1908, 1914, 1915, 1916, 1917, 1919 y 1923) y cinco copas nacionales (Concurso por Eliminación: 1913; Copa Dr. Carlos Ibarguren: 1915; Copa de Honor: 1916; Copa de Competencia Jockey Club: 1916; y Copa de Competencia: 1920). Harry fue el máximo goleador centralista en los todos los títulos locales que Rosario Central obtuvo. En 1914, anotó la suma de 51 goles en 20 partidos. Además, es el máximo goleador del club de Arroyito de la historia del Clásico Rosarino ante Newell’s Old Boys, con 21 tantos.

En 1910 Hayes hizo además su debut con la Selección Argentina, en un campeonato sudamericano. El partido del debut fue ante Chile y en él anotó su primer gol con la albiceleste (3 a 1 fue el resultado final a favor de la Argentina). Más tarde, se ganó los elogios de la prensa porteña cuando jugó con la selección ante el Swindon Town de Inglaterra. Formó parte del plantel argentino subcampeón de la Copa América de 1916 y en otros partidos oficiales y amistosos. En total, jugó 20 encuentros con la celeste y blanca y anotó 6 goles.

Rosario Central 1919

Primer equipo de Rosario Central (1919)

El hermano de Harry, Ennis (Enrique de nacimiento) también jugó para Rosario Central y para el Seleccionado Argentino y su hijo Enrique Ricardo (también conocido como Harry) jugó para el Canaya en las decadas del 30 y del 40. Al tiempo que Central empezó a participar de los torneos de Primera División de la AFA era el centrodelantero titular del conjunto de Arroyito. Harry Jr. es el segundo goleador de Central con mejor promedio de gol en la historia del profesionalismo, contando sus goles desde 1939 en adelante con un promedio de 0,82 goles por partido (37 goles en 45 partidos jugados), sólo por detrás del gran Matador Mario Alberto Kempes con 0,83 (89 goles en 107 encuentros).

Entre las anécdotas que se cuentan de Harry es para recordar la que apareció en la revista Cincuentenario (de 1939 tras las Bodas de Oro de Rosario Central) sobre su primer partido, siendo un pibe, con la camiseta de Central, Harry lo relata así:

“Nunca había jugado en partidos oficiales, cuando un día faltando un jugador en una tercera me llamaron: ¡Harry desvístete! ¡Aquí hay uniforme, pero faltan botines de fútbol! ¡Arréglate nomás con los tuyos! (Siempre recuerda que llevaba unos zapatos amarillos). Y me pusieron de centro forward. Yo no se como estuve; lo cierto es que hice tres goles, que me aplaudieron, que a los tres meses pasé a segunda y que al año siguiente no solo actué en primera, sino que hasta me daba el lujo de llevar mi novia a los partidos…”

 

Harry Hayes fue realmente un jugador extraordinario. El fue iniciador y mejor maestro de una escuela que ha perdurado en le fútbol rosarino a través del tiempo. Su característica, el pase corto, la gambeta estilizada, sin descuidar el efectivismo, rubricó el virtuosismo de nuestro fútbol, que ganó así fama y prestigio en el país y en el extranjero. De modalidad propia, se le veía tomar la pelota en el centro de la cancha, gacha la cabeza, y eludir, en breves zig-zags a toda una defensa. Sus goles, de gran factura, amagando a un costado para vencer al guardavalla por el lado opuesto, hicieron época. Harry Hayes fue más tarde, cuando se hubo retirado del fútbol activo, excelente consejero dentro de la institución que durante largos años lo contó en sus filas, y ocupó también el cargo de entrenador de la Liga Rosarina de Fútbol. Maestros, él junto con su familia, del deporte que forjaron nuestra historia… una historia de pasión y buen fútbol, y que sentaron un precedente para futuras generaciones.

Como último, y como para terminar de definirlo como jugador, y especialmente, como persona, cabe citar lo que dijo en una nota hecha a El Gráfico en 1961 (cuando ya contaba con 70 años):

“No me gusta el que veo en los últimos años. Se juega a no perder y con ello se desnaturaliza el fútbol (…). Conquistar amigos, como los tuve y los tengo, conocer personalidades, visitar países y recibir satisfacciones es lo que coseché en el fútbol. Y de ello estoy íntimamente agradecido sin pensar nunca que me habría convenido más, financieramente, vivir en este tiempo de profesionalismo“.

Harry nos dejó un 25 de julio de 1976, con 85 años y habiendo visto a su Central dos veces campeón a nivel nacional y participando cuatro veces en la Libertadores en representación de la ciudad y el país. Sus ideales… aún viven en muchos de nosotros.

REFERENCIAS:

Tácticas y formaciones

UN EQUIPO DE FÚTBOL, se sabe, está formado por un arquero y diez jugadores más, que se distribuyen en tres líneas teóricas: defensa, media y delantera. Según la táctica adoptada, habrá más jugadores en las líneas defensivas o en las de ataque.

A traves de los años la concepción de esta táctica ha ido variando sustancialmente. Y se ha ido, de a poco, variando la máxima del balompié de antaño: “La mejor defensa es el ataque” a una más conservadora como lo es hoy la de: “Los equipos se construyen de atras hacia adelante”. Para esto demos un vistazo a lo que han sido las tácticas de juego a través de la historia del deporte.

COMIENZOS

En los inicios del foot-ball asociado como deporte (1750-1850), las reglas brillaban por su ausencia y generalmente, en este deporte que se celebraba en las universidades inglesas, los players se ubican en el campo de juego con una idea fija: convertir más goles que el rival. Es por esto que no interesaba tanto cuántos tantos sufriría la valla propia sino cuántos se harían en la de enfrente.

En esos comienzos, se utilizaba como táctica lo que posteriormente se conoceria como “Sistema Primitivo” y que consistía básicamente en un arquero y diez atacantes. Algunos equipos los años 60 de ese siglo comenzaron a retrasar uno de sus jugadores (en lo que se conoció como “Sistema de Dos Líneas”), para jugar con un defensor y nueve delanteros.

Hacia el comienzo de los años 70, y debido a la gran brecha entre el defensa y los atacantes, se atrasó a uno de estos para ocupar la zona media (“1-1-8” o “Sistema de Tres Líneas”). Sin embargo, y dado a la desproporción de las líneas, todavía no existía el concepto de fútbol colectivo, sino que se buscaba el desequilibrio ofensivo a fuerza de cantidad de jugadores y fuerza física.

En 1875, se introdujo el concepto de pase al compañero, lo que suplantó las entradas solitarias y las individualidades que regían hasta entonces. Para prevenir un poco este juego en equipo, uno de los delanteros bajó a auxiliar al mediocampo (“1-2-7”) y posteriormente los holandeses, incorporaron una variante de este sistema colocando un hombre más en defensa (“2-2-6”).

Para 1883, y con el fin de crear un juego más fluido se adopta el llamado “Sistema de Cinco en Línea” (2-3-5), por los cinco atacantes que disponía en el campo de juego, o “Piramidal”, por el dibujo en la cancha, y fue por unos 50 años el sistema táctico predominante.

WM Y LÍNEAS DE 3 EN DEFENSA

En 1925, y con la modificación del “off-side” de tres a dos jugadores rivales entre el atacante y la línea de meta, los delanteros disponían de más oportunidades de convertir con lo que los equipos se vieron en la necesidad de reforzar sus defensas.

En el sistema implementado (que sería el más usado hasta 1938), y que se extendió por todo el mundo antes de la segunda Guerra Mundial, el arquero estaba siempre dispuesto a salir del arco para alejar el peligro; los defensas laterales controlaban el juego de los extremos adversarios: el medio centro (defensa central), situado entre los dos defensas, se encargaba de marcar al delantero centro adversario, los dos medios alas adoptaban una posición central, en continuo apoyo del ataque y de la defensa; los delanteros se disponían de modo que el delantero centro y los extremos constituyan los puntos más avanzados, y los interiores, más retrasados, servían de enlace con la media y participaban en las jugadas de ataque. En esta táctica, los jugadores se disponía como si cada uno fuese el vértice de una gran W (los del ataque) y de una gran M (los de la defensa). He aquí por qué se llamaba “WM” a este sistema.

Una variante del mismo sistema fue adoptada por los equipos que se encuentraban en especiales condiciones de inferioridad. Según ella, tomando como base la de la “WM”, quedaba retrasado por lo menos un jugador en la línea de tres defensas. de modo que permita a uno de ellos hacer el papel de “defensa libre” delante del arquero. Como consecuencia se alteraba la colocación de todos los jugadores, puesto que el lugar del que ha quedado retrasado lo ocupaba otro compañero, incluso un extremo tenía la misión de servir de enlace entre ataque y defensa.

4-2-4 Y EL PRESENTE

Para reforzar la defensa, se empezaron a usar sistemas con cuatro defensores. Entre ellos el “Cerrojo” (1-3-2-1-3) usado por los clubes italianos y la selección suiza en una de sus variantes, y que se atribuye al técnico argentino Alejandro Scopelli dirigiendo al Belenense de Portugal. En éste, se agregaba un hombre a las espaldas de los tres defensores y se adelantaba un poco a uno de los medios para servir de enlace con los delanteros. También, y con la selección hungara como estandarte se empezó a utilizar un “4-3-3” que desequilibraba fácilmente a la ya devenida “WM”.

Sin embargo, uno de estos sistemas con cuatro hombres en el fondo contó con un auge renovado. Éste era un sistema más cuidadoso en la defensa y más veloz en el ataque; se trataba de colocar a los jugadores en profundidad según un esquema “Diagonal”, llamado también “4-2-4”, porque tenía, además del arquero, cuatro jugadores defendiendo, dos en el medio del campo y cuatro en el ataque. Dicho esquema se llamaba diagonal porque los jugadores estaban relacionados entre sí según una disposición de tres grandes diagonales. Con esta táctica Brasil conquistó, en 1958 y en 1962, dos campeonatos mundiales consecutivos, imponiéndose sobre todo por su juego de conjunto.

Desde entonces y hasta nuestros días, ha habido modificaciones a estos esquemas más tradicionales. Se puede mencionar el “4-4-2” que se empezó a utilizar en los 70 para contar con mayor posesión de balón en el mediocampo; o la incorporación del concepto de “Fútbol Total” o “Fútbol de Pressing” de Rinus Michels en el que la tendencia general era ocupar los jugadores todos los puestos indistintamente, excepto el arquero. También se puede mencionar la táctica que implemento Bilardo en México 1986: el “3-5-2”, con un líbero y dos stoppers, en donde, los anteriormente, defensas laterales subían a reforzar un mediocampo superpoblado y con buen dominio de pelota.

Hoy en día, se aprecia más la subida de laterales (en especial después de la aparición de jugadores del nivel de Cafú y Roberto Carlos en la selección brasileña) que llegan casi a jugar de punteros; la aparición del doble-cinco, de la extinción gradual de los enganches y movidas afines. Tácticas de todos los gustos y colores, que no cabrían en una entrada de blog para encolumnarlos a todos.

Y como dirían muchos DT: “Todo sea en aras de la un fútbol más efectivo”.

"El Hincha" (1951)

¿QUÉ ES EL HINCHA? ¿Cuál es el rol que desempeñan los fanáticos del fútbol en la vida de los encuentros deportivos?

En primer lugar, veamos como apareció en el vocabulario diario esta denominación. El término “hincha” para denominar al simpatizante activo de un equipo de fútbol, es una creación uruguaya de comienzos del siglo XX. Se originó a raíz de los fuertes gritos de apoyo a su equipo, el Nacional de Montevideo, que daba Prudencio Miguel Reyes, un talabartero uruguayo, cuya tarea era hinchar “a puro pulmón” la pelota del club, es decir, “el hincha pelotas” o simplemente “el hincha” del club. El término pasó luego a designar a quienes expresaban ruidosamente su apoyo a los equipos de fútbol, extendiéndose al resto de los países de habla hispana, y también a otros deportes.

Una excelente manera de entender mejor el sentimiento y la importancia de los hinchas en los respectivos clubes es el personaje de El Ñato, interpretado por el genial Enrique Santos Discépolo, en la película argentina de 1951 justamente intitulada “El Hincha”.

En el vídeo adjunto se pueden apreciar dos de los momentos que más definen el perfil de un HINCHA, justamente con frases inolvidables de Discépolo y que son el sentir de miles y miles de aficionados del deporte que siguen incondicionalmente a sus equipos semana tras semana, ganen, empaten o pierdan:

– “¿Para qué trabaja uno si no es para ir el domingo a romperse los pulmones en las tribunas hinchando por un ideal? ¿O ES QUE ESO NO VALE NADA?

– “¿Que sería de un club sin el hincha? Una bolsa vacía. El hincha es el alma de los colores. Es el que no se ve, el que se da todo sin esperar nada. Eso es el hincha… ESO SOY YO“.

En la trama de esta película el personaje interpretado por Discepolín era un obrero mecánico, que sigue postergando eternamente el casamiento con su novia de toda la vida (interpretada por Diana Maggi) por siempre anteponer su amor por la camiseta. Para él primero son los colores del club, después los macaneos amorosos”.

El club del cual es hincha se haya al borde del descenso y con varios problemas, de los cuales el Ñato cree haber encontrado la solución, a través del novio de su hermana, Suárez (Mario Passano es quien lo interpreta), quien es un jugador de inferiores joven y talentoso, y que sólo juega por amor a la pelota.

Aunque el hincha termina siendo defraudado por la corrupción de los intereses comerciales vinculados al fútbol, vuelve a encontrar en los “pibes” y el “potrero”, la razón de ser del fútbol y de su pasión.

El Negro

ROBERTO ALFREDO FONTANARROSA, o simplemente el Negro como lo conocía todo el mundo, fue un sobresaliente caricaturista, humorista gráfico y escritor apasionado por el fútbol y en particular por su Rosario Central del alma.

El Negro, Inodoro, Mendieta y Boogie

El Negro nació el 26 de noviembre de 1944 en Rosario y nos dejó el 19 de julio de 2007, como no podía ser de otra manera, en la ciudad que lo vio convertirse en uno de sus ciudadanos más emblemáticos. En esos 62 años repletos de virtuosismo nos legó sus personajes, que no sólo viviran en la página escrita, sino que se han convertido en parte de nuestas propias familias. Inodoro Pereyra y su perro Mendieta, Boogie el Aceitoso y sus cuentos y novelas entre otras cosas, son la herencia que el genio del Negro le ha dejado a nuestra generación y a las venideras.

El Negro y el Kily en la presentación de "El Canaya"

En el 2003 se le diagnosticó la enfermedad (esclerosis lateral amiotrófica) que terminaría deteriorándolo de a poco hasta que su llama finalmente se extinguió. El 18 de enero de 2007 anunció que ya no dibujaría más sus historietas, sino que solamente seguiría mientras se lo permitiera el físico seguir hilvanado el texto de las mismas (los caricaturistas Crist y Oscar Salas serían las manos del Negro).

Sin embargo, había tiempo para una última canayada, así con “Y griega” como el mismo lo definió, el 2 de febrero de ese año se presentó la nueva casaca de Rosario Central (que estrenaría contra Belgrano 9 días después) y en ella, radiante en el pecho, la imagen de un hincha, un fanático del club de sus amores, de gorrita, puño cerrado y corazón en la boca. El Negro, su creador, lo había bautizado simplemente: “El Canaya” y aunque el Negro hoy no esté en la tierra de los mortales con nosotros, desde la tercera bandeja seguirá gozando y sufriendo, al igual que el hincha que creó, al igual que los miles y miles de canayas… Y AL IGUAL QUE LOS MILLONES DE SEGUIDORES DEL FÚTBOL SIN IMPORTAR EL COLOR DE CAMISETA QUE TENGAN.

"El Canaya" con dedicatoria de Fontanarrosa

Claudio Scalise

CLAUDIO ALBERTO SCALISE, apodado el Negro, fue uno de esos jugadores que siempre vivirán en la historia del fútbol, no sólo por su virtuosismo como puntero izquierdo, sus corridas por la banda y sus centros al área, sino más bien por la picardia que siempre lo caracterizó y su pasión por el equipo de sus amores: Rosario Central.

Scalise (junto con Chazarreta y el Tordo Palma) fue de los pocos jugadores que quedaron en Central tras el descenso de 1984, que se sufrió por impericias de la dirigencia auriazul en el desmantelamiento del equipo campeón de 1980 y los cambios de técnicos (cualquier parecido con nuestros días es mera coincidencia). La gran mayoría de los jugadores emprendieron el éxodo hacia otros destinos, pero no el Negro quien prefirió no abandonar el barco y quedarse a remarla para el retorno a primera.

Primer equipo de Rosario Central (1985)

Y justamente, 1985 no fue un año más para los canayas, con un equipo de recordadas figuras y bajo la dirección de Pedro Marchetta, Central logró el tan deseado ascenso a Primera División y demostró una vez más (como ocurriera en 1942 y 1951) que la segunda categoría le quedaba chica, y que su merecido lugar no es otro que en Primera.

Claudio Scalise

Ese equipo sin embargo, por esas cosas raras de la AFA, Rosario Central tuvo que estar parado por seis meses tras conseguir el ascenso. Con las reestructuraciones en el formato del torneo recién empezaría a competir en el segundo semestre de 1986. Por esta razón, Central tuvo que ceder a préstamo a sus jugadores a otros clubes (que todavía jugaban el Campeonato de Primera División 1985/86) para que estos no perdieran estado físico, ni ritmo de competición. Y así como Palma tuvo que vestir la camiseta de Colón durante esos seis meses de impasse, el Negro Scalise se probo la de Boca Juniors.

A su vuelta al club, fue uno de los artífices de uno de los momentos históricos más recordados por todos los canayas. Dado que se consagró campeón de Primera en el mismo año de su regreso (Campeonato 1986/87). De la mano de Don Ángel Tulio Zof ese equipo quedaría en los anales del fútbol argentino como el primero en salir campeón de la B y de la A en torneos consecutivos (y hasta la fecha el único).

Ahora bien, si uno quiere ligar el nombre de Claudio Scalise con un momento en particular, lo que viene a la cabeza del hincha no son ninguno de esos años de idas y vueltas de Central, y ni siquiera fue un partido en que defendiera los colores auriazules… o quizás sí.

Claudio Scalise

Fue durante el semestre que jugó en Boca y más precisamente en el último partido con la camiseta xeneise antes de su retorno a Arroyito. Boca Juniors y Newell’s Old Boys (el eterno rival canaya) jugaban la final de la Liguilla para ver quien clasificaría a la Libertadores que se jugaría en el segundo semestre de ese ’86.

El 8 de junio en la Bombonera, Newell’s logró un triunfo más que esperanzador, dado a que regresaba a casa con una ventaja de 2 a 0 (ambos goles del Tata Martino). Sin embargo, siete días después, el domingo 15 de junio en la cancha del Parque de la Independencia la historia sería completamente distinta. Parecía que Newell’s se quedaba con la gloría en un principio dado que Scialle abrió el marcador, eran 3 goles de ventaja y Boca no le encontraba aparentemente la vuelta. Sin embargo, el partido se empezó a poner áspero y ambos equipos terminaron jugando con 8 jugadores por las expulsiones de Martino, Llop y Pautasso por el lado del Rojinegro y Hrabina, Hoyos e Higuaín del lado de Boca. Y para colmo de males empezaron a llegar los goles de Boca: Alfredo Graciani y Gustavo Torres, ambos por dos, sellaron el 4 a 1 que le dio a Boca el pase a la Libertadores que se empezaría a jugar en unos días.

Imaginense la alegría de Scalise que no solamente regresaba a su casa en unos días, sino que también le quitaba a su eterno rival la posibilidad de jugar por segunda vez la máxima competencia continental. ¿Y cómo exteriorizó esa alegría? Simplemente, dando la vuelta olímpica con la camiseta de Central (la que tuvo debajo de la de Boca durante todo el encuentro) ante la mirada incrédula de la parcialidad leprosa… SIN LUGAR A DUDAS, UNA CANAYADA.

Claudio Scalise celebrando la Liguilla 1986

Tapa de El Gráfico por el campeonato logrado

HASTA 1990 los campeonatos de Primera División venían realizándose en una rueda larga de ida y vuelta de 38 partidos en los que el mejor se llevaba el título de campeón.

Para la temporada 1990/91 la AFA decidió cambiar las reglas (como ya lo había hecho en otras ocasiones) y se decidió que se jugaría en dos tantas, el ganador de los partidos de ida lograría una de las plazas para la final y el ganador de los partidos de vuelta sería el otro finalista. A estas dos rondas se le dieron el nombre de Torneo Apertura 1990/91 y Torneo Clausura 1990/91 (que no deben confundirse con los torneos cortos actuales pese a la similitud del nombre).

La primera ronda de 18 partidos (el Apertura de fin de año) tuvo como clasificado para la final por el campeonato que se jugaría a mediados de 1991 a Newell’s Old Boys.

La segunda ronda de 18 partidos (el Clausura de comienzo de año) coronó a Boca Juniors.

Primer equipo de Newell's Old Boys (1990)

Las finales, primero en Rosario y luego en la Bombonera, dictaron que el Campeón del Torneo 1990/91 fuese Newell’s, en un feriado nacional: un 9 de julio de 1991.

Hoy día, algunos todavía argumentan que el Apertura de ese campeonato debe contarse como un campeonato aparte. Sin embargo, desde la AFA nunca fue considerado como dos campeonatos independientes, sino como dos ruedas del mismo torneo.

Si bien este dato por sí solo debería bastar, otro detalle que apoya este hecho es que:

Primer equipo de Boca Juniors (1991)

Boca venía de una sequía de 10 años sin títulos locales (desde el Metro del 81 con Maradona y Brindisi) y que no fue sino hasta el Apertura 1992 (con los goles de Manteca Martínez) que Boca pudo cortar esta racha. Es más, jugadores como Batistuta o Latorre (recordado tándem del equipo boquense que logró el pase a la final 90/91) no se cuentan en su palmarés ningún título en ese año.

Este fue el único campeonato que se jugó con este formato y, a partir de ahí, la AFA modificó la estructura de los campeonatos nuevamente. Desde entonces, y por lo menos hasta nuestros días, en una temporada habría dos campeones (Apertura y Clausura) y se marcaría el adios a los campeonatos largos.

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